Junio 2011
85 publicaciones nuevas
Mayo 2011
346 publicaciones nuevas
No me llevo bien con los de mi piso
![]()
“Manifiesto de la indignación
Somos personas indignadas, ciudadanas y ciudadanos de a pie, las asalariadas, las desempleadas, las subempleadas; las excluidas, las estigmatizadas, las violentadas por nuestra condición sexual, por nuestra identidad de género, las apartadas por haber sido racializadas, , por diferir del “Estado de opinión”, por pertenecer a una de las más de 100 naciones indígenas que se resisten a desaparecer, somos las que ponemos los muertos del conflicto, las mujeres violadas, las prostitutas, somos las personas desplazadas, somos las enfermas los enfermos sin atención. Con nuestros impuestos se pagan los robos y los salarios de los corruptos, somos las personas silenciadas, las que sobrevivimos con un sueldo miserable, las que nunca pudimos ejercer nuestra profesión, mujeres y hombres del campo sin tierra, somos personas jóvenes que sentimos que no tenemos futuro, somos los padres y las madres que tememos por el presente y el futuro nuestro y de nuestros hijos e hijas, somos las amenazadas y somos la memoria de quienes murieron por pensar diferente. Somos las niñas y los niños sin esperanza. Somos las ancianas los ancianos, sin presente. Las mujeres que morimos porque abortamos sin atención médica adecuada.
Sabemos de la manipulación mediática y, del servilismo de los medios para con los poderes económicos, que incumplen así con el mandato constitucional de una información veraz, imparcial y oportuna.
Más de quinientos años de explotación y saqueo a nuestro territorio y a nuestro pueblo son demasiado, 200 años de mentirosa independencia son demasiada soledad, seguimos bajo el yugo de la cruz y la espada, ahora la metralla: no podemos seguir en silencio, porque nuestro silencio ha convertido a Colombia en un paraíso de la corrupción, de la impunidad y de la violencia. Para cambiar esto hay que despertar la conciencia crítica y autocrítica, asumiendo que todas y todos, con nuestra indiferencia, hemos permitido que algunas personas hagan con nuestro país y con nuestro destino lo que han querido; sabiendo que el miedo nos ha atenazado.
La prioridad de toda sociedad ha de ser la igualdad, la equidad, la solidaridad, la sostenibilidad ecológica y económica, el bienestar, el buen vivir para lograr la felicidad de las personas.
Los derechos básicos que deben ser garantizados a las personas: derecho a la vivienda, a un trabajo digno, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación, al libre desarrollo de la personalidad, derecho a la información y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida digna, entre otros.
El funcionamiento actual de nuestro sistema económico y gubernamental, no atiende estas prioridades, convirtiéndose en un obstáculo para el progreso del país. El modelo económico vigente bloquea el desarrollo social, permitiendo el enriquecimiento de unos pocos y sumiendo en la absoluta pobreza a la gran mayoría… ¡hasta el colapso!
Si como sociedad aprendemos a no entregar nuestro futuro a una rentabilidad abstracta económica, que nunca redunda en beneficio de las mayorías, a no permitir que piensen por nosotros, si aprendemos a no participar de las ganancias fáciles (que nos llevan a la corrupción) estamos seguras y seguros que lograremos transformarnos en una sociedad que elimine los abusos y carencias que, como personas indignadas, sufrimos.
Es necesaria una revolución ética y moral. Hemos puesto el dinero por encima del ser humano y de todos los seres con los que compartimos el planeta, tenemos que ponerlo a nuestro servicio. No somos mercancía en manos de banqueros, políticos y corporaciones, somos simplemente personas indignadas que decimos ¡BASTA YA!, no más abusos, no más silencio cómplice.
¡TOMÉMONOS LA CALLE!, expresemos nuestra indignación
Estamos seguros de ser parte de la solución, porque unidos todas y todos, podemos.
TOMA LA CALLE, ES TU DERECHO.
¡INDÍGNATE!” —
Somos personas indignadas, ciudadanas y ciudadanos de a pie, las asalariadas, las desempleadas, las subempleadas; las excluidas, las estigmatizadas, las violentadas por nuestra condición sexual, por nuestra identidad de género, las apartadas por haber sido racializadas, , por diferir del “Estado de opinión”, por pertenecer a una de las más de 100 naciones indígenas que se resisten a desaparecer, somos las que ponemos los muertos del conflicto, las mujeres violadas, las prostitutas, somos las personas desplazadas, somos las enfermas los enfermos sin atención. Con nuestros impuestos se pagan los robos y los salarios de los corruptos, somos las personas silenciadas, las que sobrevivimos con un sueldo miserable, las que nunca pudimos ejercer nuestra profesión, mujeres y hombres del campo sin tierra, somos personas jóvenes que sentimos que no tenemos futuro, somos los padres y las madres que tememos por el presente y el futuro nuestro y de nuestros hijos e hijas, somos las amenazadas y somos la memoria de quienes murieron por pensar diferente. Somos las niñas y los niños sin esperanza. Somos las ancianas los ancianos, sin presente. Las mujeres que morimos porque abortamos sin atención médica adecuada.
Sabemos de la manipulación mediática y, del servilismo de los medios para con los poderes económicos, que incumplen así con el mandato constitucional de una información veraz, imparcial y oportuna.
Más de quinientos años de explotación y saqueo a nuestro territorio y a nuestro pueblo son demasiado, 200 años de mentirosa independencia son demasiada soledad, seguimos bajo el yugo de la cruz y la espada, ahora la metralla: no podemos seguir en silencio, porque nuestro silencio ha convertido a Colombia en un paraíso de la corrupción, de la impunidad y de la violencia. Para cambiar esto hay que despertar la conciencia crítica y autocrítica, asumiendo que todas y todos, con nuestra indiferencia, hemos permitido que algunas personas hagan con nuestro país y con nuestro destino lo que han querido; sabiendo que el miedo nos ha atenazado.
La prioridad de toda sociedad ha de ser la igualdad, la equidad, la solidaridad, la sostenibilidad ecológica y económica, el bienestar, el buen vivir para lograr la felicidad de las personas.
Los derechos básicos que deben ser garantizados a las personas: derecho a la vivienda, a un trabajo digno, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación, al libre desarrollo de la personalidad, derecho a la información y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida digna, entre otros.
El funcionamiento actual de nuestro sistema económico y gubernamental, no atiende estas prioridades, convirtiéndose en un obstáculo para el progreso del país. El modelo económico vigente bloquea el desarrollo social, permitiendo el enriquecimiento de unos pocos y sumiendo en la absoluta pobreza a la gran mayoría… ¡hasta el colapso!
Si como sociedad aprendemos a no entregar nuestro futuro a una rentabilidad abstracta económica, que nunca redunda en beneficio de las mayorías, a no permitir que piensen por nosotros, si aprendemos a no participar de las ganancias fáciles (que nos llevan a la corrupción) estamos seguras y seguros que lograremos transformarnos en una sociedad que elimine los abusos y carencias que, como personas indignadas, sufrimos.
Es necesaria una revolución ética y moral. Hemos puesto el dinero por encima del ser humano y de todos los seres con los que compartimos el planeta, tenemos que ponerlo a nuestro servicio. No somos mercancía en manos de banqueros, políticos y corporaciones, somos simplemente personas indignadas que decimos ¡BASTA YA!, no más abusos, no más silencio cómplice.
¡TOMÉMONOS LA CALLE!, expresemos nuestra indignación
Estamos seguros de ser parte de la solución, porque unidos todas y todos, podemos.
TOMA LA CALLE, ES TU DERECHO.
¡INDÍGNATE!” —
“No es recomendable ahogarse en un vaso de agua, resulta mejor nadar dichosamente en él.”
— Sáenz: 2011